Descripción:

"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

lunes, 13 de febrero de 2017

¿Cómo influyó el "Desastre de Annual" en la crisis del reinado de Alfonso XIII?

Los años previos a la I Guerra Mundial se sucedieron una serie de “crisis internacionales” en un momento en el que el Nacionalismo tornaba a los estados deseosos del  prestigio que se precipitaban hacia una carrera de armamento,  llamada la Paz Armada. Dichas crisis fueron “conflictos  locales” pero su importancia radicó en que se produjeron en un contexto delicado, con nacionalismos exacerbados, debido al Imperialismo, y las potencias alineadas en dos bloques.

La Legión en Marruecos

El "Pacto de Unión"; la fallida unificación de los Reinos Cristianos Peninsulares.


Alfonso VI reunió la Curia plena en Toledo en el verano de 1108, tras la derrota de Uclés. No existía la menor duda acerca del derecho sucesorio que recaía en la infanta Urraca, debido al estado de salud del rey. Doña Urraca de León era hija legítima del rey, además de viuda y madre de un niño de cuatro años, habido en su primer matrimonio con Raimundo de Borgoña. Se necesitaba un marido que, con pleno derecho, ejerciese las funciones inherentes a la soberanía y a la tutela.  Según Ramos Loscertales, en el relato de la “Crónica De rebus Hispaniae” se desprende la idea de que fue el propio Alfonso VI fue quien sugirió  la candidatura del rey aragonés, Alfonso I, que tantos elogios merecía por parte del conde Ansúrez, presente en la Curia. Otras hipótesis hablan que el matrimonio entre Urraca I de  León, Galicia  y Castilla,   y Alfonso I de Aragón, fue concebido dentro del contexto de idea del Imperio Hispánico, pues Alfonso VI obtuvo en 1077 el título de Imperator totius Hispaniae  ('Emperador de toda España').

Este proyecto de unificación, denominado  “PACTO DE UNIÓN”, que consistía en trasmitir a Alfonso I el Batallador, con la prerrogativa imperial que tuviese su suegro, la potestad real en Castilla y León chocaría con una fuerte oposición entre la alta nobleza castellana y gallega. En la Crónica del “Anónimo de Sahagún”, escrito varios años después del suceso, se calificaría dicho matrimonio de “maldito y excomulgado ayuntamiento hecho para daño de España”.

En el fracaso del proyecto influyeron muchas y diversas causas, entre ellas se destaca la oposición de los caracteres opuestos de ambos cónyuges; los intereses materiales de los nobles, sobre todo  los del conde de Traba y el arzobispo Gelmírez; y asuntos eclesiásticos en los que se insinuaba que dicho matrimonio podría ser ilegítimo a causa del parentesco (por intervención del arzobispo de Toledo).

La Península Ibérica en el reinado de Alfonso VI.

El 1 de julio de 1109 fallecía el rey Alfonso VI. Enseguida doña Urraca era nombrada Regina Yspanie, como confirma un diploma del 22 de julio de 1109, con una impresionantes lista de confirmantes. La rapidez del nombramiento se debió también al peligro almorávide, ya que el califa Alí pasaba el estrecho de Gibraltar para llevar a cabo un nuevo asalto que devastó Madrid y Guadalajara.

Sin demoras ni suntuosidad, debido a la necesidad urgente de defensa del reino, a principios de octubre de 1109, en el Castillo de Muño (según unos cercano a Monzón de Campos, Palencia y según otros, cercano a Burgos, en Villavieja de Muño), se casaban doña Urraca y don Alfonso I.

La urgencia militar precipitó el matrimonio entre ambos monarcas, pero fue de una gran importancia política para la Península Ibérica de la Edad Media. Al conocer que el ataque almorávide se retrasaría, los esposos se esmeraron en diseñar una carta programática que regulase institucionalmente una monarquía con dos titulares para un “Imperio Hispánico”. El resultado fue la “Carta de Arras” de Alfonso I y la “Carta de Donación” de Urraca, ambas firmadas en diciembre de 1109, bajo la ayuda de Pedro Ansúrez. Dichas cartas son auténticas capitulaciones de ambos cónyuges, en los que reconocen el dominatus y principatum sobre sus respectivos Estados y vasallos, como fundamento para ejercer ambos la potestad en los dominios del otro.

Así queda reflejada una cosoberanía, aun cuando el principatum de Urraca debía ser interpuesto, cosoberanía que descansaría sobre dos ejes: primero, la investidura de “Hispanie imperator, Totius Hispanie rex et magniticus imperator…” a Alfonso I, desde la legitimidad leonesa de Urraca, y segundo, un mecanismo sucesorio para asegurar una continuación, mediante el reconocimiento  de herencia de todo candidato, en caso de nacimiento de un hijo del matrimonio. En la “carta de donación” de Urraca, el mecanismo sucesorio era idéntico, a la inversa, sólo que reconocía la herencia sobre la monarquía castellano-leonesa para su hijo Alfonso Raimúndez, en caso de ausencia de descendencia del matrimonio.

El Imperio había nacido fácticamente y luego se le había concedido un modelo legal y político de pleno acuerdo. Los problemas comenzaron cuando se puso en práctica. Suponía un cambio en la concepción de la institución monárquica, pero ante la vacilación de los reyes, los grupos de presión se aprovecharán de ello.

Se percibe un ejército de poder de la monarquía hispánica donde se acoge a todos los Estados hispánicos. Su aplicación no provocó desajustes en Aragón, porque doña Urraca actuó como reina en los estados de su esposo durante varios meses en el año 1110. Mientras que la situación fue diferente en Castilla y León.  La estructura territorial de Castilla era más compleja, además de las revueltas territoriales, sociales, militares y eclesiásticas que sufría la monarquía castellano-leonesa.

Asímismo, la intervención de la Iglesia generó unas dificultades mayores que se manifestaron en conflictos sociales de carácter antiseñorial, cuyos participantes se aliaron a la facción política que más les convenía.

El fin de la voluntad unitaria llegará con la reformulación y el fracaso del “PACTO DE UNION”. En el verano de 1110 se hacían públicos los anatemas pontificios contra el matrimonio de doña Urraca y don Alfonso. Se hizo efectivo, con lo cual, Alfonso I iniciaba una campaña contra el clero cluniacense. Esto provocó que el alto clero y la nobleza de ambos reinos tomaran armas en favor de uno u otro monarca. Comenzaron las primeras desavenencias matrimoniales con una dimensión política enorme.

En el pacto no quedaban bien definidas las propiedades de Alfonso I en Castilla y León; los magnates castellanos intentaron contener el expansionismo del rey aragonés, provocando una reacción violenta por parte de este. Se desplazará a Aragón, apresando a doña Urraca en Castellar, pero esta logrará huir a Burgos con la ayuda de Gómez González y Pedro González de Lara (del primero se dijo que fue amante de la reina durante su viudedad, del cual tuvo dos hijos) y la ayuda del conde de Traba, noble gallego.

En septiembre de 1111 estalla la guerra civil, la nobleza y clero castellana y gallega apoyan a doña Urraca, mientras don Alfonso, junto al conde portugués Enrique de Borgoña, obtendrán una victoria en Candespina (Segovia).La tensión es extrema y el escenario se desplazó a Galicia. A su vez, el arzobispo Gelmírez ungía rey en Santiago de Compostela a Alfonso Raimundez, se ve amenazado el pacto. Doña Urraca y sus aliados gallegos tras la derrota en Viadangos en 1111, vuelve a la contraofensiva un año después, opta por  buscar el apoyo de su cuñado, Enrique de Borgoña y su hermanastra Teresa, todo ello supuso para la reina dos amenazas enormes: una, el proyecto de repartición del reino de su padre con los condes de Portugal, y otro, el dominio de Alfonso I sobre sus Estados. 

En 1112 tras la Batalla de Astorga, de la que saldrá victoriosa Urraca, la situó a la reina en dependencia del conde de Portugal y el estallido de revueltas sociales que sembraban la anarquía en el reino. Ése mismo año morirá Enrique de Borgoña.

Alfonso I de Aragón y Urraca I de León

Continuarán las tensiones hasta que la curia general del reino en Palencia, el 25 de octubre de 1113, buscando restaurar la paz, acabar con las revueltas sociales y deponer al arzobispo Mauricio de Braga, soporte de la condesa Teresa. Acabaron triunfando las ideas del arzobispo Gelmírez y la restauración del censo castellano-leonés a la orden. Doña Urraca fracasará en su intento de desbancar el poder de Gelmírez en el verano de 1114, reforzando así su dependencia del arzobispo compostelano.

En octubre de 1114, un concilio reunido en León decretó la definitiva separación matrimonial de la reina Urraca y don Alfonso I. El monarca aragonés aceptó, repudiando a Urraca y renunciar a sus derechos territoriales  sobre dichos territorios. Doña  Urraca renuncia a los suyos sobre Aragón y vuelve a ser reina de  León, Castilla y Galicia.

La disolución del matrimonio no implicó la renuncia al Imperio Hispánico, sino que variaba su instrumento. No descansaría sobre un “Pacto de Unión”, sino en un proyecto militar, así lo planteó Alfonso I, dicho ideal lo transformo en un liderazgo contra el Islam.


Bibliografía:

V.A. Álvarez Panlenzuela (coord.): "Historia de España de la Edad Media", ed. Ariel, 2002.  L. 

Suárez Fdez y V. A. Álvarez: "Historia de España, vol. 5", ed. Gredos, 1990.

 J. Mª Mínguez: "La España de los siglos VI al XIII. Guerra, expansión y transformaciones". Ed. Nerea, 1994.



lunes, 15 de agosto de 2016

El Ejército Romano en la Organización Territorial de Hispania (desde la conquista hasta el siglo III d. C.) Segunda Parte.

La presencia de los asentamientos militares marca la progresiva romanización que sufren los indígenas. Su presencia o ausencia se convierte en guía del grado de desarrollo alcanzado, es decir, aquellas regiones donde el modelo urbano estaba desarrollado e integrado carecerán de guarniciones militares, como sucede en la Bética. La Lusitania presenta claras diferencias entre su parte meridional, con la presencia de colonia y municipios, y la parte norte, donde el desarrollo urbano y administrativo era más bajo. La Tarraconense muestra una clara progresión en un eje que va de oeste a este, desde la conquista del alto valle del Ebro y la zona de los Pirineos.


El Ejército Romano en la Organización Territorial de Hispania (desde la conquista hasta el siglo III d. C.) Primera Parte.

Tras la II Guerra Púnica y antes de iniciar la provincialización del territorio ocupado durante la contienda, Roma supo atraer a las poblaciones ibéricas del sector oriental y meridional, donde se habían realizado las operaciones militares durante el conflicto con Cartago. El resto del territorio era prácticamente desconocido para los romanos a comienzos del siglo II a.C., por lo que la penetración romana hacia el interior de la Meseta fue paulatina y muy difícil.

En un primer momento (siglo II a.C.) a efectos de un mejor control Hispania fue dividida en dos provincias: la Citerior, con capital en Cartago Nova, y la Ulterior, con capital en Corduba. Al frente de cada una de ellas había un pretor ayudados por un cuestor.

En tiempos de Augusto la Península fue dividida en tres provincias: la Tarraconense, con capital en Tarraco, la Bética, en Corduba, y la Cartaginense. La Bética era provincia senatorial y estaba gobernada por un procónsul. Las otras dos eran provincias imperiales, hallándose a su frente “legati”, máximos responsables en asuntos militares, judiciales y civiles.


Posteriormente en época del emperador Caracalla (1º del s. III d.C.) la zona noroccidental de la Tarraconense se desgajó pasando a constituir la nueva provincia de la Gallaecia. Finalmente, en el siglo III Diocleciano dividió Hispania en seis provincias: Bética, Lusitania, Cartaginense, Gallaecia, Tarraconense y Mauritania Tingitania (N. de África). Las Baleares quedaban englobadas en la Cartaginense hasta que en la segunda mitad del siglo IV llegaron a formar una provincia propia: la Baleárica. Muchos de los nombres de las antiguas provincias han persistido hasta nuestros días.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un Imperio, un General y un Proyecto: Flavio Belisario y los Vándalos.


Justiniano I (483-565) fue un gran soberano del Imperio Romano de Oriente, o como después se denominaría: Bizancio. Representó el ejemplo de emperador romano y cristiano durante la Edad Media. Su mayor fortuna consistió en hallar valiosos colaboradores: Belisario y Narsés en el plano militar, Triboniano en lo que respecta a la obra jurídica, y Juan de Capadocia para las reformas administrativas. Sin mencionar a Teodora, la ex cortesana que convirtió en su esposa, que lo libró de muchas dificultades.

Durante el reinado de Justiniano se promulgaron una serie de leyes religiosas, jurídicas y fiscales que reformaron el Imperio de Oriente, incluso las relacionadas con la cultura y el arte. Pero su hazaña más importante fue la “Reconquista de Occidente”, la cual fue posible realizar debido a la política económica de su predecesor, el emperador Anastasio I, y la crisis de los reinos bárbaros.

Mosaico de San Vital de Rávena, en el centro el emperador Justiniano I a su izquierda el general Flavio Belisario

jueves, 30 de junio de 2016

La Guerra como fenómeno cultural: los pueblos germanos (II). Armamento, Tácticas y Estrategias.


La guerra es la confrontación de dos o más grupos humanos, que entran en un conflicto socio-político armado. Será una de las actividades humanas más antiguas en el contexto de las relaciones internacionales, y así se convierte en un fenómeno propio de las civilizaciones. Ésto lo vimos en la anterior entrada, donde realizamos una introducción sobre los pueblos bárbaros que invadieron Europa y fueron uno de los factores de la caída del Imperio romano, pues aquí trataremos sobre su ARMAMENTO, TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS.

Por lo tanto, la guerra es un fenómeno cultural de las sociedades humanas, debido a que cada época o periodo de nuestra historia repercute en su desarrollo y manera de organizarla. Incluso cada civilización tiene sus propias formas de realizar la guerra, este es el caso de los pueblos “bárbaros” que invadieron Europa durante la Alta Edad Media.

Vercingetorix ante Julio César

lunes, 9 de mayo de 2016

La esposa de Amadeo de Saboya y el pueblo español: Doña María Victoria dal Pozzo

Entre 1868-1874, España vivió un período dramático y exaltado es el denominado “Sexenio Democrático”. Ese periodo suele comprender tres etapas:

 1º el gobierno provisional (1868-1871),
 2º el reinado de Amadeo I de Saboya ,
 3º la Primera República (1873-74).


Esto fue debido a que la situación política era muy compleja, que se iniciara con una crisis económica que aceleró la caída del trono de Isabel II. 

La firma del Pacto de Ostende,  en esta ciudad belga el 16 de agosto de 1866, que justificó el pronunciamiento contra la monarquía, y  a los pocos días, se extendió el levantamiento por todo el país. Se crearon unas Juntas Provinciales que asumieron el poder. Tras la Batalla de Alcolea, con la victoria de las fuerzas sublevadas, Isabel II tiene que abandonar España. Se forma un gobierno provisional presidido por el general Serrano, con la colaboración del general Prim y el almirante Topete.