Descripción:

"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

miércoles, 19 de abril de 2017

¿Qué debe Europa a Carlos V?

Hace casi  más de cuarenta años surgió una polémica sobre la idea imperial de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Gérmanico, en la que los grandes especialistas en la materia (Karl Brandi y Perter Rassow) pugnarón con la figura hispana de don Ramón Menéndez Pidal. Se trataba de aclarar quién había sido el mentor ideológico de Carlos V; entre las figuras de las que se hablaba  se mencionaron a Gattinara, político piamontés al servicio de Margarita de Austria, que después pasaría a ser el canciller del Imperio. Mientras que Menéndez Pidal habla de la influencia de los RR.CC (Reyes Católicos). Dicha disputa también fue reabierta por historiadores como Ballesteros Beretta y Maravall.




viernes, 14 de abril de 2017

El origen del Condado de Castilla.

El proceso de la Repoblación dentro de la Historia Medieval de España es de gran importancia. Este momento que comprende los siglos VIII-XI será cuando aparezcan los reinos medievales que conformarán la historia medieval y la actual configuración administrativa y política de España y Portugal.

Capital de Miranda de Ebro, escudo de Castilla

lunes, 13 de febrero de 2017

¿Cómo influyó el "Desastre de Annual" en la crisis del reinado de Alfonso XIII?

Los años previos a la I Guerra Mundial se sucedieron una serie de “crisis internacionales” en un momento en el que el Nacionalismo tornaba a los estados deseosos del  prestigio que se precipitaban hacia una carrera de armamento,  llamada la Paz Armada. Dichas crisis fueron “conflictos  locales” pero su importancia radicó en que se produjeron en un contexto delicado, con nacionalismos exacerbados, debido al Imperialismo, y las potencias alineadas en dos bloques.

La Legión en Marruecos

El "Pacto de Unión"; la fallida unificación de los Reinos Cristianos Peninsulares.


Alfonso VI reunió la Curia plena en Toledo en el verano de 1108, tras la derrota de Uclés. No existía la menor duda acerca del derecho sucesorio que recaía en la infanta Urraca, debido al estado de salud del rey. Doña Urraca de León era hija legítima del rey, además de viuda y madre de un niño de cuatro años, habido en su primer matrimonio con Raimundo de Borgoña. Se necesitaba un marido que, con pleno derecho, ejerciese las funciones inherentes a la soberanía y a la tutela.  Según Ramos Loscertales, en el relato de la “Crónica De rebus Hispaniae” se desprende la idea de que fue el propio Alfonso VI fue quien sugirió  la candidatura del rey aragonés, Alfonso I, que tantos elogios merecía por parte del conde Ansúrez, presente en la Curia. Otras hipótesis hablan que el matrimonio entre Urraca I de  León, Galicia  y Castilla,   y Alfonso I de Aragón, fue concebido dentro del contexto de idea del Imperio Hispánico, pues Alfonso VI obtuvo en 1077 el título de Imperator totius Hispaniae  ('Emperador de toda España').

Este proyecto de unificación, denominado  “PACTO DE UNIÓN”, que consistía en trasmitir a Alfonso I el Batallador, con la prerrogativa imperial que tuviese su suegro, la potestad real en Castilla y León chocaría con una fuerte oposición entre la alta nobleza castellana y gallega. En la Crónica del “Anónimo de Sahagún”, escrito varios años después del suceso, se calificaría dicho matrimonio de “maldito y excomulgado ayuntamiento hecho para daño de España”.

En el fracaso del proyecto influyeron muchas y diversas causas, entre ellas se destaca la oposición de los caracteres opuestos de ambos cónyuges; los intereses materiales de los nobles, sobre todo  los del conde de Traba y el arzobispo Gelmírez; y asuntos eclesiásticos en los que se insinuaba que dicho matrimonio podría ser ilegítimo a causa del parentesco (por intervención del arzobispo de Toledo).

La Península Ibérica en el reinado de Alfonso VI.

lunes, 15 de agosto de 2016

El Ejército Romano en la Organización Territorial de Hispania (desde la conquista hasta el siglo III d. C.) Segunda Parte.

La presencia de los asentamientos militares marca la progresiva romanización que sufren los indígenas. Su presencia o ausencia se convierte en guía del grado de desarrollo alcanzado, es decir, aquellas regiones donde el modelo urbano estaba desarrollado e integrado carecerán de guarniciones militares, como sucede en la Bética. La Lusitania presenta claras diferencias entre su parte meridional, con la presencia de colonia y municipios, y la parte norte, donde el desarrollo urbano y administrativo era más bajo. La Tarraconense muestra una clara progresión en un eje que va de oeste a este, desde la conquista del alto valle del Ebro y la zona de los Pirineos.


El Ejército Romano en la Organización Territorial de Hispania (desde la conquista hasta el siglo III d. C.) Primera Parte.

Tras la II Guerra Púnica y antes de iniciar la provincialización del territorio ocupado durante la contienda, Roma supo atraer a las poblaciones ibéricas del sector oriental y meridional, donde se habían realizado las operaciones militares durante el conflicto con Cartago. El resto del territorio era prácticamente desconocido para los romanos a comienzos del siglo II a.C., por lo que la penetración romana hacia el interior de la Meseta fue paulatina y muy difícil.

En un primer momento (siglo II a.C.) a efectos de un mejor control Hispania fue dividida en dos provincias: la Citerior, con capital en Cartago Nova, y la Ulterior, con capital en Corduba. Al frente de cada una de ellas había un pretor ayudados por un cuestor.

En tiempos de Augusto la Península fue dividida en tres provincias: la Tarraconense, con capital en Tarraco, la Bética, en Corduba, y la Cartaginense. La Bética era provincia senatorial y estaba gobernada por un procónsul. Las otras dos eran provincias imperiales, hallándose a su frente “legati”, máximos responsables en asuntos militares, judiciales y civiles.


Posteriormente en época del emperador Caracalla (1º del s. III d.C.) la zona noroccidental de la Tarraconense se desgajó pasando a constituir la nueva provincia de la Gallaecia. Finalmente, en el siglo III Diocleciano dividió Hispania en seis provincias: Bética, Lusitania, Cartaginense, Gallaecia, Tarraconense y Mauritania Tingitania (N. de África). Las Baleares quedaban englobadas en la Cartaginense hasta que en la segunda mitad del siglo IV llegaron a formar una provincia propia: la Baleárica. Muchos de los nombres de las antiguas provincias han persistido hasta nuestros días.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un Imperio, un General y un Proyecto: Flavio Belisario y los Vándalos.


Justiniano I (483-565) fue un gran soberano del Imperio Romano de Oriente, o como después se denominaría: Bizancio. Representó el ejemplo de emperador romano y cristiano durante la Edad Media. Su mayor fortuna consistió en hallar valiosos colaboradores: Belisario y Narsés en el plano militar, Triboniano en lo que respecta a la obra jurídica, y Juan de Capadocia para las reformas administrativas. Sin mencionar a Teodora, la ex cortesana que convirtió en su esposa, que lo libró de muchas dificultades.

Durante el reinado de Justiniano se promulgaron una serie de leyes religiosas, jurídicas y fiscales que reformaron el Imperio de Oriente, incluso las relacionadas con la cultura y el arte. Pero su hazaña más importante fue la “Reconquista de Occidente”, la cual fue posible realizar debido a la política económica de su predecesor, el emperador Anastasio I, y la crisis de los reinos bárbaros.

Mosaico de San Vital de Rávena, en el centro el emperador Justiniano I a su izquierda el general Flavio Belisario