Descripción:

"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

lunes, 15 de agosto de 2016

El Ejército Romano en la Organización Territorial de Hispania (desde la conquista hasta el siglo III d. C.) Segunda Parte.

La presencia de los asentamientos militares marca la progresiva romanización que sufren los indígenas. Su presencia o ausencia se convierte en guía del grado de desarrollo alcanzado, es decir, aquellas regiones donde el modelo urbano estaba desarrollado e integrado carecerán de guarniciones militares, como sucede en la Bética. La Lusitania presenta claras diferencias entre su parte meridional, con la presencia de colonia y municipios, y la parte norte, donde el desarrollo urbano y administrativo era más bajo. La Tarraconense muestra una clara progresión en un eje que va de oeste a este, desde la conquista del alto valle del Ebro y la zona de los Pirineos.


El Ejército Romano en la Organización Territorial de Hispania (desde la conquista hasta el siglo III d. C.) Primera Parte.

Tras la II Guerra Púnica y antes de iniciar la provincialización del territorio ocupado durante la contienda, Roma supo atraer a las poblaciones ibéricas del sector oriental y meridional, donde se habían realizado las operaciones militares durante el conflicto con Cartago. El resto del territorio era prácticamente desconocido para los romanos a comienzos del siglo II a.C., por lo que la penetración romana hacia el interior de la Meseta fue paulatina y muy difícil.

En un primer momento (siglo II a.C.) a efectos de un mejor control Hispania fue dividida en dos provincias: la Citerior, con capital en Cartago Nova, y la Ulterior, con capital en Corduba. Al frente de cada una de ellas había un pretor ayudados por un cuestor.

En tiempos de Augusto la Península fue dividida en tres provincias: la Tarraconense, con capital en Tarraco, la Bética, en Corduba, y la Cartaginense. La Bética era provincia senatorial y estaba gobernada por un procónsul. Las otras dos eran provincias imperiales, hallándose a su frente “legati”, máximos responsables en asuntos militares, judiciales y civiles.


Posteriormente en época del emperador Caracalla (1º del s. III d.C.) la zona noroccidental de la Tarraconense se desgajó pasando a constituir la nueva provincia de la Gallaecia. Finalmente, en el siglo III Diocleciano dividió Hispania en seis provincias: Bética, Lusitania, Cartaginense, Gallaecia, Tarraconense y Mauritania Tingitania (N. de África). Las Baleares quedaban englobadas en la Cartaginense hasta que en la segunda mitad del siglo IV llegaron a formar una provincia propia: la Baleárica. Muchos de los nombres de las antiguas provincias han persistido hasta nuestros días.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un Imperio, un General y un Proyecto: Flavio Belisario y los Vándalos.


Justiniano I (483-565) fue un gran soberano del Imperio Romano de Oriente, o como después se denominaría: Bizancio. Representó el ejemplo de emperador romano y cristiano durante la Edad Media. Su mayor fortuna consistió en hallar valiosos colaboradores: Belisario y Narsés en el plano militar, Triboniano en lo que respecta a la obra jurídica, y Juan de Capadocia para las reformas administrativas. Sin mencionar a Teodora, la ex cortesana que convirtió en su esposa, que lo libró de muchas dificultades.

Durante el reinado de Justiniano se promulgaron una serie de leyes religiosas, jurídicas y fiscales que reformaron el Imperio de Oriente, incluso las relacionadas con la cultura y el arte. Pero su hazaña más importante fue la “Reconquista de Occidente”, la cual fue posible realizar debido a la política económica de su predecesor, el emperador Anastasio I, y la crisis de los reinos bárbaros.

Mosaico de San Vital de Rávena, en el centro el emperador Justiniano I a su izquierda el general Flavio Belisario

jueves, 30 de junio de 2016

La Guerra como fenómeno cultural: los pueblos germanos (II). Armamento, Tácticas y Estrategias.


La guerra es la confrontación de dos o más grupos humanos, que entran en un conflicto socio-político armado. Será una de las actividades humanas más antiguas en el contexto de las relaciones internacionales, y así se convierte en un fenómeno propio de las civilizaciones. Ésto lo vimos en la anterior entrada, donde realizamos una introducción sobre los pueblos bárbaros que invadieron Europa y fueron uno de los factores de la caída del Imperio romano, pues aquí trataremos sobre su ARMAMENTO, TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS.

Por lo tanto, la guerra es un fenómeno cultural de las sociedades humanas, debido a que cada época o periodo de nuestra historia repercute en su desarrollo y manera de organizarla. Incluso cada civilización tiene sus propias formas de realizar la guerra, este es el caso de los pueblos “bárbaros” que invadieron Europa durante la Alta Edad Media.

Vercingetorix ante Julio César

lunes, 9 de mayo de 2016

La esposa de Amadeo de Saboya y el pueblo español: Doña María Victoria dal Pozzo

Entre 1868-1874, España vivió un período dramático y exaltado es el denominado “Sexenio Democrático”. Ese periodo suele comprender tres etapas:

 1º el gobierno provisional (1868-1871),
 2º el reinado de Amadeo I de Saboya ,
 3º la Primera República (1873-74).


Esto fue debido a que la situación política era muy compleja, que se iniciara con una crisis económica que aceleró la caída del trono de Isabel II. 

La firma del Pacto de Ostende,  en esta ciudad belga el 16 de agosto de 1866, que justificó el pronunciamiento contra la monarquía, y  a los pocos días, se extendió el levantamiento por todo el país. Se crearon unas Juntas Provinciales que asumieron el poder. Tras la Batalla de Alcolea, con la victoria de las fuerzas sublevadas, Isabel II tiene que abandonar España. Se forma un gobierno provisional presidido por el general Serrano, con la colaboración del general Prim y el almirante Topete.

lunes, 4 de abril de 2016

La Construcción del Imperio Portugués por Enrique el Navegante

Don Enrique (1394-1496) fue el tercer hijo del rey Juan I de Portugal, le apodaron el Navegante, por su afán de descubrimientos. Tras participar en la conquista de Ceuta, se volcó en los viajes por el océano Atlántico. Contó con una cantidad enorme de recursos financieros y humanos, quizás por ser gran maestre de la Orden de Cristo (orden formada tras la disolución de los Templarios en tierras portuguesas) además de otros tantos títulos que le facilitaban dicha cobertura. Fue a este personaje al que se confió las colonizaciones de Madeira y de las Azores, llevo a cabo la organización del traslado de familias del continente, favoreció el cultivo de cereales y caña de azúcar y se sirvió de las reservas naturales de la isla para abastecer de madera a los astilleros de Lisboa.

Debido a su personalidad, movido por la curiosidad, el afán de reforzar la economía y el espíritu de cruzada,  promueve los conocimientos oceánicos y las factorías portuguesas. Para ello, en el CASTILLO DE SAGRES, instaló un centro de estudios donde los astrónomos y cartógrafos más relevantes de la época realizan estudios y crean instrumentos de navegación (astrolabios, cuadrantes) y cartas geográficas más precisas.

Retablo de San Vicente de Nuno Gonçalves (1450) La tercera tabla por la izquierda muesta en el centro a San Vicente, a la izquierda del santo se situa Enrique el Navegante, el futuro Juan II y de rodillas Alfonso V y su esposa.

lunes, 28 de marzo de 2016

La Armada Española, el origen (un resumen homenaje a Don Blas de Lezo).

La historia de la Armada Española puede datarse en los últimos años del siglo XV y primeros del siglo XVI, cuando los dos reinos (Castilla y Aragón) conllevaron la unión dinástica, tras el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón . En aquel tiempo no existía una Armada centralizada y esta no se consiguió hasta la llegada de los Borbones. No obstante, sí existían flotas militares más o menos permanentes que, cuando era necesario, se reunían para cumplir determinada misión.
Tras el descubrimiento de América, la rivalidad entre España y Portugal es mucho mayor. Ante una posible acción hostil del monarca Juan II de Portugal, los Reyes Católicos encargaron que se organizase una armada oceánica, cuya misión principal era proteger la navegación castellana, tanto en el Estrecho como en las costas atlánticas, así como frenar a los navíos portugueses en la pugna por el control de la ruta al nuevo mundo descubierto que mantenían ambas coronas. Era la denominada ARMADA DE VIZCAYA, denomina así por formarse en Bermeo con naves y tripulaciones vizcaínas (en el sentido amplio, esto es, vascongadas). A finales de junio Íñigo de Artieta, nombrado por los reyes Capitán General de esta armada, reúne las naves en Bermeo y a finales de julio, la armada sale para Cádiz, a donde llegan a primeros de agosto. La primera en formarse por orden de los RR.CC.
Armada de Vizcaya, capitaneada por Iñigo de Artieta

Bandera de Proa